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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Y todo comenzo en besos..

Él quiere recorrer sus largas piernas, acariciar su espalda y llegar hasta su pelo, retirarlo y mordisquearle dulcemente la oreja. Ella desea escuchar su corazón tumbada en su pecho, llegar hasta sus ojos y llenar de besos hasta el último tramo de su piel.
 Sus dedos juegan entrelazados. Quieren comerse a besos, pero solo lo hacen con miradas. Ella nota un dolor singular en el estomago. Él no aguanta más esa tensión.
La mira y la besa. Se besan. Hasta quedarse sin aliento. Ella lo agarra del cuello, roza su pelo. Él la sostiene por la cintura o incluso baja algo más de lo debido. Ella se aparta unos centímetros y roza su nariz contra la de él mientras toma aire para volver a besarle.
Y así, sin parar apenas segundos y con unos pocos muebles de testigos, se dan cuenta de que se gustaban demasiado como para dejar de comerse de esa forma, que no querían que pasase la tarde, ni la noche, que querían que parase el tiempo mientras probaban, el uno del otro, el sabor de sus labios.

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